Parece un lujo moderno, pero no es así. Los egipcios consiguieron enfriar las estancias. Eso sí, con gran esfuerzo. Las paredes se construían con enormas bloques de piedra de mil toneladas, con un lado pulido y otro áspero. Por la noche, los tres mil esclavos del faraón desmantelaban las paredes y acarreaban las piedras del Sáhara, donde la la temperatura baja notablemente durante la noche. Antes del amanecer las llevaban de nuevo al palacio y volvían a colocarlas en su sitio. Así el afortunado faraón disfrutaba de temperaturas alrededor de los 26,7º C, mientras que en el exterior rondaban los 54º.
Fuente: Periódico 20minutos

